Bienvenidos a septiembre. Estamos de vuelta.

Rincón de Madrid
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Septiembre 10, 2026

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Bienes raíces

Hay un camino en la isla de la Toja que bordea la ría — o lo que parece el mar, porque en Galicia a veces cuesta distinguirlo — flanqueado de hortensias. A un lado y al otro, casas. Cada una con su propio estilo, su propia historia, su propio carácter. Algunas con vistas directas al agua, con acantilados llenos de pino que en ciertos momentos te hacen pensar que estás en Mallorca o en la Costa Brava. Allí tienen casa Adolfo Domínguez, Amancio Ortega. No es casualidad.

Siempre que viajo abro Idealista. Es una deformación profesional que ya no intento corregir. La app te localiza y te muestra lo que hay. 1,5 millones, 2,6, 4,2. Caras, sí. Pero con metros, con clase, con mar. Y con algo que en Madrid es cada vez más difícil de encontrar: espacio real para respirar.

Después estuve en la Provenza. Toulouse, Aviñón con su Ródano imponente — ese río que te detiene porque no esperabas algo así. Arles, donde Van Gogh vivió y pintó su famoso Café Terrace at Night. Me imaginé viviendo allí, en una casa con patio, buganvillas, vistas al coliseo romano, dedicándome a leer y ver cine. Las casas son más baratas que en Madrid. Claro que no es Cannes, ni París, ni Montecarlo — eso sí es más caro. Pero hay una escala humana en esos lugares que Madrid ha ido perdiendo por el camino.

La desintoxicación

Este verano conseguí algo que llevaba años sin lograr: no abrir el correo ni un solo día. Desconexión total. El tipo de pausa que el cuerpo y la cabeza necesitan cuando llevas meses con demasiados frentes abiertos a la vez.

Viajar y mirar casas en otros contextos me recuerda siempre por qué me dedico a esto. Porque el espacio donde vives importa. Porque la luz, las vistas, la escala de una habitación cambian cómo te sientes cada mañana. Porque hay algo en una casa bien hecha — en La Toja, en Arles, en Almagro — que va más allá del precio por metro cuadrado.

La bofetada de septiembre

Y luego vuelves a Madrid.

Problemas en las obras. Materiales más caros. El mercado en pausa — ese estado extraño de julio y agosto donde todo está suspendido y nadie sabe muy bien qué va a pasar cuando arranque el otoño. La pregunta que se repite: ¿qué estrategia tomar? ¿Dónde está el producto? ¿Quién va a comprar y a qué precio?

Septiembre es siempre una bofetada de realidad. Pero también es un comienzo. El mercado vuelve a moverse, los compradores vuelven de sus veranos — algunos desde Galicia, otros desde la Provenza, otros desde Dubái o Ciudad de México — y hay que estar preparada.

Bienvenidos a septiembre. Estamos de vuelta.